Hola, amigas y amigos. El de la foto soy yo. Desde que cree esta emisora, allá por el  30 de Noviembre de 2012, le he dado vueltas a esta sección… por fin me he decidido; y es que, hablar de mí mismo, nunca hasido de mi gusto.

 ¿Cuánta gente  ha escrito sus memorias por ser “el hijo de…” o “o la mujer de…”. Así que me he dicho: ¡Qué caramba!  Yo soy el nieto de Antonio el Chila y voy a contárselo a todo el mundo.

Me llamo Aladino. Ni Adelino, ni Bernardnino, Avelino, Anadino…. ni mucho menos ALADDIN… uff, cómo odio que me llamen así. Aladdin es incluso peor que aquella vez que me llamaron Ulises, que no se parece en nada a mi nombre, pero por lo visto a mi interlocutor le pareció bonito en aquel momento.

Mis primeros contactos con la radio.

Nací en Alemania en 1973 y en ese país crecí feliz y contento hasta casi mi adolescencia. En aquella época no había parabólicas, Internet, ni mucho menos smartphones, por lo que la única comunicación directa de mis padres con su patria y su familia en España era el teléfono, por el que cada semana unas lejanas y casi inaudibles voces, que decían ser mis abuelas, me recordaban lo mucho que me querían (y yo a ellas también). También estaba el correo y la prensa, que mi padre compraba semanalmente y con algo de retraso leía atentamente.

Pero sobre todo estaba la radio… Cada noche, a la hora de la cena, mis padres escuchaban entusiasmados las transmisiones en español de Radio Baviera; las emisiones en las que contaban las cosas de nuestra lejana y querida España. Aquél era un momento muy importante en el que mi hermana y yo debíamos permanecer en silencio, mientras mis padres se informaban de lo que sucedía en los últimos días de la dictadura franquista, la transición, el primer gobierno democrático…. o el golpe de estado. De repente un día oí a mi padre hablar de los tanques en Valencia; yo no entendía aquello, pero por la expresión de  su cara debía ser algo muy importante. Y con ese panorama, en aquel programa también había lugar para las dedicatorias y los saludos, que a mi hermana y a mi nos encantaban: “Para Pepita, y que cumpla tantos años como granitos de arena tiene la playa de su Mazarón natal” o “Para Menganita, para que con su belleza alumbre y coloree el gris clima otoñal de Alemania”… en fin, aquello era originalidad.

También estaban las emisiones de Radio Exterior de España. Unos días se escuchaba mejor y otros peor, pero al fin y al cabo en el fondo estaba la voz en español que mis padres ansiaban. Hoy en día, sólo los friquis amantes de la radio (como yo) hacen el esfuerzo por escuchar la radio en esas condiciones, pero entonces, para saber cómo iba el Real Murcia no había otra que intentar escucharlo entre interferencias y ruidos radiofónicos.

Mi primer aparato de radio.

Un día, el buen amigo de la familia Antonio Guzman, varios años mayor que yo, me enseñó un transistor. Me encantó aquel aparato de radio portátil en el que me contaba que, algunas veces y con mucha paciencia, también lograba, como hacía mi padre, escuchar la radio en español. Así que yo quería uno. Por encima de cualquier juguete yo quería un transistor (popularmente se le llamaba así), así que lo pedí a Papá Noel… ¡y lo tuve! Mi primer aparato de radio, un regalo que me hicieron precisamente, los padres de Antonio, mis queridos Estrella y Guzmán. Un transistor ultramoderno marca Phillips que funcionaba a pilas y en el que se escuchaba la onda media muy bien. Pasaba horas escuchando aquel aparatito e intentando captar emisoras españolas.  Podía pasarme horas interminables intentando captar algo en español… con la radio vertical, horizontal, en un lugar, en otro, encima del armario… dentro… al final (casi) siempre lo conseguía. En ese momento, ni siquiera prestaba atención a lo que decían, pero era en castellano así que feliz, apagaba el apartito y me dedicaba a otra cosa.

Mi primer receptor de radio.

Las cintas de cassette, ¡qué descubrimiento!

Si, claro. Siempre hay que ir avanzando. Estando de vacaciones en España, mi tio Pepe me enseñó cómo grababa cintas. Y no sólo grababa la música que sonaba en la radio, sino que grababa su propia voz y parecían programas de radio de verdad. ¡Cómo me gustó aquello! “Nosotros también tenemos un radiocassette en Alemania”, pensé. Así pues, hice mis primeros pinitos en el de mi tio Pepe y a la vuelta de vacaciones me apropié del radiocassette familiar. Lamentablemente no guardo practicamente ninguna de aquellas cintas. La mayoría fueron reutilizadas.

Y por fin mi primera emisora.

Sería 1988, ya viviendo en España, cuando mi tio Pepe vio en una revista de electrónica un circuito para realizar un “emisor de FM espía”. Se trataba de un pequeño emisor de 40mW (hoy en día no es raro que una emisora comercial emita con 10.000 W) con un pequeño micrófono que se podía esconder en algún lugar y escuchar, en un aparato de radio de FM, lo que captaba.

Así es como nació Radio Barullo, el mejor amigo tuyo. Descubrimos que soldándole un cable, éste hacía de antena y al sacarlo por la ventana ampliábamos la cobertura de nuestra emisión notablemente. Así mismo, en vez de directamente el micrófono, conectamos la salida de auriculares de un radiocasette en serie con un pequeño amplificador para el micrófono. Y aquello funcionaba…

Indicativo de Radio Barullo

No sé cuantas horas invertí en aquel proyecto pero, durante dos o tres años, Radio Barullo emitió practicamente cada día, aunque sólo fuera un ratito. Nuestra cobertura era escasamente nuestro barrio, pero a mi me gustaba decir que emitiamos para todo Ceutí. Al fin y al cabo, las emisoras regionales también decían que emitían para toda la Región de Murcia y no era cierto. Así que yo igual, pero en pequeño.

Nació Radio Ceutí.

Fue en enero de 1991. Yo ya sabía que había planes de montar una radio municipal. Un día mi amigo Juan Francisco llegó a mi casa para pedirme que pusiera la radio. Por fin Radio Ceutí había empezado a emitir. Como no podía ser de otra manera, rápidamente le pedí ir con él y poder participar en la radio. Podría contar muchas cosas… la primera emisión en ESTEREO, la primera vez que sacamos una llamada en antena, mi primer programa “El Buzón Maravilloso”, el día que decidimos que había que limpiar todos los discos en barreños con Mistol…

Radio Ceutí estuvo emitiendo hasta Octubre de 1992. Eramos muy jóvenes. Teníamos una audiencia considerable pero hace tanto tiempo que no merece la pena entrar en consideraciones sobre por qué cesaron aquellas emisiones.

Fragmento de mi último programa en Radio Ceutí

Anunciábamos que el cierre era “por reformas” y que en enero del año siguiente volveríamos a emitir. No fue así… Escuchando las viejas cintas para extraer este fragmento me doy cuenta de lo importante que fue aquello para mí.

Y vamos terminando.

Tras Radio Ceutí pude colaborar en otras emisoras como Onda 92 – Radio Cotillas, Radio Compañía, Radio Sureste Costa Blanca… Sobre todo en Radio Cotillas (ahora Onda 92) hice infinitas horas de radio. No tengo ninguna grabación de esa emisora pero sí de Radio Compañía, en la que sin embargo estuve muy poco tiempo.

Radio Compañía en 1993

Nota: Poder presentar música en Radio Compañía fue para mi todo un acontecimiento. Esta emisora, en aquella época, era la radio lider de la comarca. La más moderna y una de las más escuchadas. Pero yo era muy jóven y no supe aprovechar la oportunidad. En Radio Compañía había una estricta radioformula, por lo que al poco tiempo volví a Radio Cotillas donde podía poner la música que a mi me gustaba.

Onda Color

En 1996, tras realizar mis estudios de Imagen y Sonido, se presentó la oportunidad de volver a inaugurar la emisora municipal de Ceutí. Juan Francisco Crivero y yo presentamos un proyecto al ya fallecido Jose Ramón Jara (concejal responsable de esa iniciativa), y siempre recordaré sus palabras cuando acabó de leer nuestra propuesta: “APROBADO, ya podéis empezar”. Así montamos Onda Color, que hoy en día, y he de decir que me siento orgulloso de ello, sigue emitiendo. En esta emisora estuve trabajando hasta 1999, cuando el transcurso de la vida me hizo buscar un trabajo mejor remunerado.

Concurso en Onda Color

Y el resto de la historia, valga la redundancia, es otra historia.

A lo largo de este tiempo, han sido unas cuantas las visitas que han llegado a esta página “sobre mí”, que estaba vacía. Ahora ya conoceis mi pequeña historia. Muchas gracias por leer. Estaré encantado de recibir vuestros comentarios, si es que lo estimais oportuno.